Los ciegos

Stelian Tănase | September 30, 2008
Translated by: Rafael Pisot, Cristina Sava

 

Los ciegos

Ella lleva mini y gafas, porque es miope. Guarda la llave de tu habitación alquilada. Arrastra la erre con naturalidad y no pierde tiempo esperando en las paradas: tiene dinero para coger un taxi. Ella refulge y te persigue con una sonrisa. Ella es relajada y dice que te quiere. Ella se tumba a tu lado sobre las sábanas y consigue entradas para el Ateneo. Ella te saca de paseo cuando os aburrís, ella te enseña a toda la gente como si fueras un objeto de exposición. Ella te trae una taza de té cuando trabajas sentado al piano y limpia el cenicero, ella camina de puntillas y le da la vuelta lentamente a la llave dentro de la cerradura. Ella te avisa de repente de que esta noche no viene a tu casa, ella, que fue la mejor de la clase, ella te acompaña a los partidos de hockey sobre hielo y grita aún más fuerte, ella es cruel y la violencia la excita. Ella llora con las películas y se alegra hasta las lágrimas, ella enrosca los brazos alrededor de tu cuello y se acerca para que le huelas el pelo. Ella está en el sillón y hace ganchillo y te mira en silencio escuchando los acordes de Schumann, ella trae discos raros y no se cree nada de tus historias sobre conciertos con salas a rebosar, tú eres un andrajoso que tiene mucho aguante, tú callas demasiado. Ella irradia vida, no entra en las pastelerías, ella es exigente y fría, parece levitar entre los paseantes, se contempla en los escaparates de las farmacias. Ella adora las playas y odia las nevadas y el frío y el norte y los barrizales de Bucarest en marzo. Ella es intelectual y comedida y melindrosa, ella comete errores, ella es como madame bovary. Ella te recogió de la calle, es tu camillera y tu analgésico, ella es tu peli porno y tu caja de resonancia. Ella es insustituible. Ella respira también para tus pulmones, ella te aprieta el nudo de la corbata cuando te lleva de visita, ella se levanta tarde cuando pasa la noche en tu casa, ella te ha vuelto loco con sus repentinos odios y desvaríos, con sus repetidos abandonos, con su preocupación por tu conjuntivitis y tus aspavientos cuando te sale bien una improvisación. Ella es tu única pareja de baile, ella desprecia las lonchas de mortadela, el yogur, las grajeas. Ella tiene celos del piano, una noche lo hará pedazos, ella rebosa mala leche y tiene familiares influyentes, ella es la pariente pobre de una familia ramificada. Sólo coroneles y directores, y hasta un ministro. Ella te intimida con sus aires, le pareces tonto y dócil y por qué callas tanto, ella es la mujer de tu vida. Ella te colma de besos, ella es una sinvergüenza. Ella es una hippie que ha entrado descalza en una sesión matinal, oohh cómo se daban codazos los burgueses en la entrada. Ella lleva comida en su mochila y les da de comer a los gatos del barrio, ella tararea el repertorio de los beatles como si fuera una oración, tiene fotos con Paul con Ringo con George con John, ella ha estudiado violín en familia, pero acabó dejándolo. Los dos sois extremadamente musicales, soñolientos y frustrados. Ella no aguanta el humo del tabaco y es huérfana y tiene una madre mecanógrafa en una notaría, ella da clases particulares y gana dinero, ella está ocupada, ella tiene los ojos clavados en la esfera de un reloj, tiene una agenda y hace interminables llamadas, tiene dos pares de vaqueros y unos pantalones de pana beige, ella lleva pulseras y pendientes y anillos de hojalata, ella sueña con comprarse un vestido en la tienda de los artistas plásticos, ella es amistosa y tiene instinto de conservación, ella causa furor, circula mucho por la ciudad y por las noches empolla para los exámenes. Ella mete las manos en tus bolsillos y tú la dejas y la aprietas a tu lado para restregar tu mejilla contra sus sienes, ella no lleva tacones demasiado altos y le gustan los dulces, ella hace arrumacos, ella suelta niñerías, ella es una cachonda y a veces calla y te da miedo. Ella zascandilea por la habitación, busca algo que hacer, arregla las borlas de la cortina, remienda un calcetín, pintarrajea un cartón con acuarelas, éste eres tú, y cuelga esas cosas horribles en la pared, ella se mosquea. Te quita la ropa y te tira encima de la cama. Ella pone las mantas sobre la alfombra, ella muerde, ella apaga la luz, ella te acordona con el ardor de su cuerpo, ella respira junto a tu oreja, suspira, te mete prisa, ella te pela como si fueras un plátano, ¡quítate la ropa! te ordena. Ella desciende a la oscuridad bajo tu difusa sombra, ella te husmea, ella está impaciente, tú callas. Ella te tiende un hombro, un pecho y se ríe calladamente, ella te quiere, ella es voraz, ella es perversa, ella te odia, ella es cruel, ella jadea y te pide que no se te ocurra pararte, pedazo de vago. Ella te pierde, notas cómo se ha separado y habla sola y tú has muerto en el momento, en aquellos minutos en los que no existís el uno para el otro. Ella es la primera en resucitar, ella se pasa los dedos por los cabellos, huye al baño, no se te ocurra vestirte, vaguete, espérame, por la puerta entreabierta la ves mirándose al espejo, ella desafina con un hit de los beatles all we need is love love love love ella se pasea por la habitación tal y como su madre la trajo al mundo, acompañada de lovelovelovelovelove. Ella te echa flores, por lo menos eres bueno en algo, porque, por lo demás, no eres gran cosa, no sé qué habré encontrado yo en ti. Ella está en la ventana, escondida tras la cortina para que no la vean los vecinos. Tú quieres encenderte un cigarro, ella te lo prohibe, ella está de rodillas a tu lado, en la oscuridad la oyes poniéndose una hebilla en el pelo click, sientes que un día te abandonará, que te olvidará. Se lo dices, ella se calla, se lleva la mano a la boca, ella llora tumbada sobre ti. Vuelves a poseerla de nuevo, casi con furia, con maldad, tratas de agarrar algo, congelas el instante, la estrujas por los hombros, nos vamos Pia nos vamos. Cállate por favor. Es como si su cuerpo fuera lo único que te impidiera disolverte en la noche artificial de la habitación, su piel mate te impide pasar al otro lado, hacerte un ovillo en el piano. Sus gemidos te mantienen intacto, ella, más ajena a la realidad que tú, pero más concreta, más viva, pobrecito mío. Ella se queda inmóvil, el teléfono suena, dejálo en paz por el amor de Dios. Te gustaría que os enternizarais en este instante de terror, no se lo dices, sería una tontería, todas las parejas mienten igual. Tienes la imagen de millones de acoplamientos en un paisaje de nubes, de seres acoplados llenando el cielo. Ella no quiere desprenderse del abrazo, te da golpes en el pecho con los puños, ella dice: no tenemos derecho a ser tan felices, lo acabaremos pagando, ya verás. No moriréis nunca, ella es una ardilla y tú una tortuga perezosa y silenciosa. Y tú eres además una bestia, oh, brute chérie. Te atrae hasta las sábanas soltándose su magnífico pelo. Ella se entrega a ti, es sólo tuya; ella, muslos y pecas, más gafas y filósofos prestados uno a uno Husserl y Sartre, estamos condenados a la libertad, el infierno es el otro, tú eres mi purgatorio, te regaña dulcemente, no mi purgativo, animal, te he dicho que eres una bestia y me he saltado un punto del jersey, ella está haciendo vuestro primer jersey, después de vuestro primer año, la primera noche de amor, con el ruido de fondo de la lavadora de los vecinos. Ni siquiera era de noche, una tarde y una noche en un lejano barrio, de una casa extraña, al lado de la imagen de la ropa tendida y el recuerdo del olor a café y a cera para el parquet, el paisaje de la nevada de noviembre, vuestra primera nevada juntos, salís de casa abrazados, la estufa quema, los cristales se han empañado, nieva con fragilidad, nieva despacio. Una triste maquinaria descompuesta dando vueltas sobre los tejados. Ella calla enterrada en tu hombro en aquel balcón que usáis de trastero, cabrón, móntame en el trineo. Y nieva en el paisaje de las afueras, cubre las cabinas telefónicas, tapa las callejuelas, la nieve crece prodigiosamente en las aceras, los transeúntes del fondo de este océano nadan silenciosos moviendo lentamente sus aletas marrones y rosadas, voltean lentamente un ojo exoftálmico hacia arriba. Y la nieve cae, entierra las carrocerías y las mastica por debajo, las farolas se quedan encendidas todo el invierno. Detrás de las ventanas, escondidos, escucháis tus discos rayados; ella trabaja como un robot en la cocina y tú aporreas el piano. Ella flota entre los botes de encurtidos, ella se pincha el dedo cuando cose, ella se pierde entre la montonera de herramientas la máquina de la carne solemne de color ladrillo, la cocina de fulgor farmacéutico, las estanterías de la despensa, las cazuelas colgadas en la pared, los botes de pisto envasado, las cuerdas sobre las que cuelga, pesada, la carne ahumada. Ella tiene parientes en el campo, los parientes tienen casas en toda regla. Ella es la única estudiante, es huérfana y querida. No salís de casa, vuestras vacaciones de estudiantes, la primera la desaprovechasteis viendo lo que pasaba afuera, no tuviste tiempo ni para tirar del trineo, apenas tienes tiempo de comprar pan, café, tabaco, vodca y, a principios de febrero, tres sacos de patatas. Para ti es suficiente con que ella exista, porque el tiempo no trabaja a medias. Ella te quiere, es mimosa y hasta melindrosa, toda la noche mira la tele, le gusta, ella te olvida, no la interrumpas cuando mira la película, cuando se ríe – con una risa ajena – cuando llora y tienes celos de la estrella ésa que le enjuga lágrimas – cuando habla sin parar comentando qué cojones pasa con ése o con aquélla – cuando te ha olvidado, engullida por la morada ventosa de la pantalla. La dejas en paz, la vigilas, la miras con el rabillo del ojo, podrían robártela tan fácilmente, mira, una extranjera, al margen de nuestra historia. Después de apretar el botón se acuerda de ti, uff. Mosqueada, tuesta rebanadas de pan embadurnadas con yema de huevo, saca los chicharrones de la manteca, prepara el té, quiere recuperar aquella hora que cayó en el olvido, tu leías absorto Guerra y paz, a ella no le gustan los clásicos, Dostoievsky y los demás, Chejov, un poquito, Gogol es un necio, eres un anticuado, cariño, estás para que te tiren a la basura, si sobrevivimos, si logramos sobrevivir entre estos paisajes y fragancias, si sobrevivimos, Sandu, si, eh, qué pasará si nuestro amor se desvanece, mejor nos suicidamos mientras somos felices. Bum, su imaginación de serie de TV funciona de maravilla, se ve descrita por un autor isabelino, inmortalizada por las páginas de los periódicos y a toda costa observada. Ella es vanidosa, a ella le hubiera gustado ser bailarina, ser adorada, vivir rodeada de admiradores, de momento me contento contigo, con una piltrafa de pianista fracasado que, a duras penas, se arrastra haciendo de codirector de los ensayos del coro sindical. Ella se ríe, te abraza rápidamente para que no te dé tiempo a decir nada, y a ti no te gusta, barruntas una amenaza, un pensamiento secreto. Ella querría que la inmortalizaras desnuda, está espléndida cuando va tirando la lencería por todos los rincones de la habitación y se niega durante todo el día a ponerse algo encima; cuando sea viejecilla, por vergüenza, me pondré toda la ropa del armario para andar por casa. No se lo confiesas, pero le harías fotos, si tuvieras dónde revelarlas, su cuerpo sigue siendo un secreto sólo tuyo, sin las miradas de los desconocidos. Ella a veces calla, ensimismada en sus apuntes, empolla para los exámenes, le gustaría describirte el pensamiento de Hegel, la idea que sigilosamente se cuela en la naturaleza, abarca lo social haciendo historia y regresa encontrándose en su propia realidad, pero tú eres un idiota, anda ya, vuelve a tu Schumann solitario y enfermo. Por la noche te habla de la gracia, de cómo aparece en Pascal y un domingo soleado sobre los ídolos de Bacon, del foro, del teatro, de la cueva... pasa inmediatamente a lo concreto, por supuesto, minuciosos fríos kantianos y coherentes, te entran arcadas. Tú la escuchas, ¡te inspira una especie de devoción, cuántas palabras se pueden llegar a decir sobre nada! ella recuerda la dolorosa ausencia de su padre, a veces cuenta cosas sobre las pequeñas ciudades de provincias en las que ha pasado su infancia, los hombres de su madre tenían prioridad y asistió a numerosas escenas. Esto la sensibilizó: ella necesita amor, protección, que nadie se mezcle en sus sentimientos, sobre todo sin amor no puede vivir. La atormenta, la ausencia de su padre verdadero, imagina su voz, sus gestos viriles (todo esto lo busca en ti, ¿acaso te pareces a él?), sueña con tener un rótulo en la puerta que diga que en aquel piso no vive una familia rota, con tener a alguien que la defienda, tú no tienes que callarte cuando te preguntan de quién eres. Su padre está muerto. Ésta es su profesión desde que un camión lo hizo pedazos en plena carretera. Hay largas noches en las que recoge con rápidos movimientos las cosas de la habitación, le entra el frenesí de la limpieza, te echa, barre, limpia el polvo, se pone de mal humor, ya no te aguanta, tira la ropa en la bañera, se pone a lavar, tararea las canciones de amor que había oído en casa de su madre, estás de más, levanta la tapa del piano, te pones en un rincón o, mejor, desapareces y te vas a comprar tabaco, ella pone la casa patas arriba, frenética, cambia el orden de todas las cosas, te ordena que sacudas la alfombra, que compres aguarrás, que te afeites, que seas educado cuando hablas con los vecinos, que les des los buenos días, tú agachas la cabeza y no ves a nadie; que te cuides un poco, que eres un guarro. Cambia las sábanas, pone agua a hervir, abre de par en par las ventanas hasta que hace frío, tanto frío que los dientes os empiezan a castañear mientras charláis y os entra la risa. Primero a ella. Luego dice, mirando el nuevo orden establecido, voy a hacer unas fundas y unas cortinas a juego, recibiremos a los invitados, ahora somos demasiado pobres como para hacerlo, me gustaría tener ropa de casa – deja de hablar para colocar en su sitio un adorno de la mesilla de noche – para crujir de tanto almidón, me gustaría que hubiera ruido, gente, ya sabes, a veces me cansa la soledad, me digo esto porque así te mantengo a mi lado. A ti, Sandu, no te gusta la gente, te da miedo, te escondes en tu música y pasas de todo, yo no puedo. Entusiasmada, te describe una investigación sociológica en la que ha participado, ha conocido algunas situaciones, personas extraordinarias, un tipo estupendo, el profesor Dionisie; durante un semestre tuvo algo que hacer, no se aburrió, luego apareciste tú, qué buscas tú en mi vida, le tararea ella un viejo hit. ¿Viajaremos, no? con los pasaportes la cosa será más fácil dentro de un tiempo, tendremos dinero, rebuscaremos en las consignas en busca de objetos extraños. Leeremos juntos los anuncios de prensa, la página de los muertos y heridos, los perros despachurrados declarados tan perdidos como los carnés de identidad, la página de las mariposas y de los caracoles, la de los productores de champiñones y la de los coleccionistas de relojes y etiquetas, la de las separaciones y pedidas de mano, pienso en la rayuela y en la tentación, describo minuciosamente las nubes y las enciclopedias, les digo tonterías simpáticas a mujeres y hombres mayores, les hago la corte a las rollizas y a las esqueléticas, busco un buen partido. Hojearemos, indiferentes, los almanaques, nos multiplicaremos. Tendremos hijos, no nos separaremos, esto es un crimen, dejar a los niños sin padres. Los dos provenís de familias rotas, explica ella, dando vueltas por la habitación con un lápiz en la boca, sabemos bien qué significa la falta de un hogar. Blablabla, apenas la escuchas, cuando se pone didáctica te quedas dormido, dejas caer los párpados y duermes furtivamente, ella se imagina, restallando bajo la pálida luz de la lámpara envuelta en periódicos, que tú la estás escuchando, y a ti te pasa por la mente un pasaje difícil de Liszt. Cada mañana compraremos flores frescas, contrataremos a una alemana para que cuide de todo, voy a darte un par de hijos, miserable, compraremos un piso en un barrio tranquilo, no nos faltarán las naranjas, luego los amigos, los viajes al extranjero, viviremos como Dios manda, perdonándonos siempre nuestros errores, seremos buenos, no nos pelearemos por nada. Ella despliega una proclama, tú mueves sereno la cabeza, ¿me oyes, sordo? le dices que sí, venga, a la cama. Afuera nieva con ganas, caen unas cortinas sedosas sobre el paisaje cargado de ropa, congelada en los tendederos, algunas personas esperan las bombonas, un atardecer azulado, patinadores vivos cruzan la ventana de la izquierda, el chiringuito del sifón vacío. ¿Tú qué piensas, Dios existe? le preguntas. Ella sonríe encantadora, aprieta con el dedo un sí bemol, pero bueno, aprieta con el dedo un sol, luego rápidamente un re, yo pienso que no. Vale, pero, ¿hay algo que sostiene este mundo, no lo notas? yo siento una presencia extraña y poderosa en las inmediaciones cuando salgo por la noche en busca de leche y me enfrento al frío oscuro, si no fuera... Dices tonterías, aunque no exista, ¡seguimos siendo mortales! dice ella y deja que la tapa del piano caiga haciendo ruido. Sandu se sobresalta, le dice en voz baja: si al final vamos a palmarla de todas maneras, que se vaya todo a la mierda, destrocemos el piano, mira cómo lo tiramos desde el balcón, ¡cómo molaría! nieva, las ventanas tintinean heladas. ¿Y si este mundo estuviera hecho por uno que se ríe de nosotros? más tarde nos acabará perdiendo, ha mezclado nuestras vidas, nos ha ayudado a crecer – ella sigue hablando rápidamente y con la mirada puesta en los cristales – y luego se arrepentirá de haberlo hecho y nos destruirá. A mí me malmeterá contra ti y a ti contra mí. Las estupideces de los que nos rodean, a las que ahora somos inmunes, nos invadirán. ¡Tengo miedo, Sandu! hay algo fuera de nosotros, un ojo que nos mira cuando hacemos el amor. No una criatura universal. Más bien un reloj que le machaca los huesos de todo aquél que intenta darle cuerda. El amor es desafiante y esto se paga caro.

 

 

About this issue

This July, The Observer Translation Project leaves its usual format to present a special CRISIS ISSUE. Things are tough all over. Hard Times suddenly feels like the book of the moment. The global economic crisis impacts life as we know it, and viewed from Bucharest the effects reverberate in domains that include geo-politics and publishing in Romania and abroad, with the crisis at The Observer Translation Project as an instance of a universal phenomenon. read more...

Translator's Choice

Author: Vasile Ernu
Translated by: Monika Oslaj

Oda sovjetskom toaletu

Oda sovjetskom toaletu Posvećeno Iliji Kabakovu Za sovjetskog građanina ne postoji ništa intimnije od toaleta (Dopustite mi sa velikim poštovanjem koje imam prema ovom mjestu i ovoj ...

Exquisite Corpse

Planned events in Cultural Agenda see All Planned Events

17 December
Tardes de Cinema Romeno
As tardes de cinema romeno do ICR Lisboa continuam no dia 17 de Dezembro de 2009, às 19h00, na ...
14 December
Omaggio a Gheorghe Dinica Proiezione del film "Filantropica" (regia Nae Caranfil, 2002)
“Filantropica” è uno dei film che più rendono giustizia al ...
12 December
Årets Nobelpristagare i litteratur Herta Müller gästar Dramaten
Foto: Cato Lein 12.12.2009, Dramaten, Nybroplan, Stockholm I samband med Nobelveckan kommer ...
10 December
Romanian Festival @ Peninsula Arts - University of Plymouth
13 & 14 November 2009. Films until 18 December. Twenty of Romania's most influential and ...
10 December
Lesung und Gespräch mit Ioana Nicolaie
Donnerstag, 10. Dezember, um 19.30 Uhr Ort: Szimpla Café Gärtnerstrs.15, ...
 
 

Our Partners

Razvan Lazar_Dunkelkammer SENSO TV Eurotopics Institutul Cultural Roman Economic Forum Krynica Radio Romania Muzical Liternet Radio France International Romania Suplimentul de cultura Radio Lynx